Los pólipos fibroepiteliales son lesiones benignas que pueden surgir como una respuesta hiperplásica reactiva del estroma mixoide subepitelial y, en ocasiones, pueden ser mal diagnosticados como malignos. Suelen ser pequeñas, del color de la piel y asintomáticos, con sensibilidad a las hormonas. Es más común encontrarlos en mujeres en edad reproductiva, aunque también se han documentado en mujeres posmenopáusicas. Pueden presentar una forma polipoide o pedunculada y generalmente son lesiones solitarias. Las pacientes tienden a presentar una pequeña lesión asintomática, aunque algunas pueden experimentar sangrado, secreción o malestar, dependiendo del tamaño y la ubicación del pólipo. La mayoría de estos pólipos miden menos de 5 cm de diámetro, aunque en raras ocasiones pueden crecer hasta tamaños excepcionalmente grandes, alcanzando entre 15 y 20 cm. En el caso aquí reportado, lo notable es que el pólipo midió 22 cm y afectó a una paciente de 52 años.
La patogenia de los pólipos fibroepiteliales no está completamente esclarecida, pero existen diversas teorías al respecto. Un factor causante significativo parece ser la irritación frecuente, especialmente en mujeres con sobrepeso. Además, la influencia hormonal podría desempeñar un papel predisponente, dado que el fibroepitelioma es poco común antes de la menarquia y después de la menopausia, lo que es relevante considerando la edad de la paciente del caso aquí publicado. Otra evidencia de que los cambios hormonales pueden influir en la formación de los pólipos son los receptores de estrógeno y progesterona en las células estromales.
El tratamiento más adecuado es la escisión quirúrgica; sin embargo, es importante señalar que pueden ocurrir recidivas, especialmente si se practica una resección incompleta, durante el embarazo o en pacientes tratadas con tamoxifeno. Lo destacado de este caso, o la lección que se puede extraer de él, es que, aunque los pólipos fibroepiteliales son generalmente benignos y poco frecuentes, pueden ser malinterpretados como malignos. Por esta razón, la variabilidad de su apariencia morfológica requiere una evaluación patológica experta para descartar tumores atípicos y neoplasias malignas. El caso aquí presentado es indudablemente inusual, y en la bibliografía solo se han registrado unos pocos casos de gran tamaño en personas de esa edad.
Este es un claro ejemplo de la importancia de reportar casos clínicos, no solo por su rareza o frecuencia, sino por la forma en que se pueden sospechar, diagnosticar y tratar.